25 de Noviembre Día Internacional contra la Violencia de Género

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Francisca sabía que tenía dos caminos después de soportar siete años de malos tratos. El suicidio o que le concedieran el divorcio. Desnudar el alma contando sus desdichas y también su cuerpo para dejar constancia de los golpes recibidos pero todo en pro de conseguir una vida de verdad alejada del monstruo con el que se había casado. La paliza en plena calle que había supuesto el aborto del que iba a ser su tercer hijo hizo que emprendiera un camino en el que sentía que ya poco tenía que perder y mucho que ganar.
Desgraciadamente Jerónimo que así se llamaba el hombre, solo recibió una amonestación y le instaban a ser un buen marido a dar un mejor trato a su mujer, cosa que no cumplió al volver a propinar golpes en venganza de la denuncia que Francisca había hecho.
Si Jerónimo pensaba que después de esa tunda su mujer iba a parar estaba bastante equivocado. Volvió al año siguiente a denunciarlo y nuevamente tuvo la suerte de volver a recibir una amonestación pero sin consecuencias para él.
Creyendo que la solución al hecho de que Francisca manchaba su buen nombre era volver a maltratar a su mujer, Jerónimo siguió en sus trece sin llegar a reflexionar que lo que hacía no era lo correcto pero para él era un derecho del hombre el “poner en su sitio” a la esposa que era rebelde.
Privar de cuidados, de comida haciendo que pasara hambre, insultos y las zurras eran el método elegido para intentar domar a la mujer que en su cabeza le pertenecía y que se había unido en matrimonio a él adquiriendo unas obligaciones maritales que a ojos de Jerónimo no cumplía y por lo tanto debía ser castigada.
El espíritu indómito de aquella mujer le estaba causando muchos quebraderos de cabeza y aunque la gente a su alrededor testimoniaba en su contra él seguía creyendo que era el orden natural de las cosas.
Cinco años después del primer intento de romper con su infierno por fin Francisca venció. Consiguió que la justicia anulara su matrimonio, le devolvieran las pertenencias que su marido se había quedado por el casamiento y una orden de alejamiento para él y su familia para garantizar su seguridad.
Hoy en día esta historia podría ser contada por la boca de alguna de las mujeres que han visto como a veces la justicia ha fallado. Historias que se repiten cada año porque sabemos siguen perpetuándose mientras haya personas que se crean dueños de otras utilizando la violencia física y psicológica y que quieren destruir su voluntad para imponer la suya.
Francisca de Pedraza consiguió la primera sentencia de divorcio en España por malos tratos en 1624 después de pasar una auténtica odisea que podría haber supuesto su muerte en cualquier momento.
Existen heroínas anónimas que nunca saldrán en los periódicos pero que han luchado y siguen luchando para salir de esa pesadilla que es la violencia de género. Hoy, 25 de Noviembre les rendimos homenaje.

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